viernes, 30 de mayo de 2014

Lençois Maranhenses y São Luis, maravillados ante tanta belleza

El viernes volamos de Recife a Sao Luis, en el norte. Desde el mismo aeropuerto cogimos un transfer para ir a Barreirinhas, un pequeño pueblo a 4 horas de São Luis, desde donde se accede al parque nacional de Lençois Maranhenses. El viaje fue una pesadilla, en un coche lleno, los dos apretados en el asiento de atrás y un conductor loco, burros en medio de la carretera ya de noche y un pasajero friki que nos hizo parar en varios sitios. Pero al final llegamos sanos y salvos a Barreirinhas, aunque con una lluvia que amenazaba nuestros días en el paraíso.

Sin embargo, la suerte nos volvió a sonreír y el sábado hizo un día espléndido. Por la mañana hicimos la excursión de la Laguna Azul, donde visitas varias lagunas en mitad de un desierto de dunas blancas. Tras unos 40 minutos en 4x4 por caminos de arena y charcos gigantes que casi llegaban a los pies en el coche, llegamos a la primera laguna. De ahí fuimos caminando por el desierto y bañándonos en varias lagunas, cada cual más bonita. Fue una mañana increíble.








Sobre la 1.30 volvimos a Barreirinhas y a las 2 ya estábamos saliendo en el siguiente tour, el de la Laguna Bonita. Aquí también nos bañamos en varias lagunas, pero lo más espectacular fueron las vistas panorámicas del desierto, y el atardecer en este paraíso. La vista se perdía entre dunas y lagunas onduladas. Caminamos durante 3 horas pasando de una laguna a otra, subiendo dunas y maravillándonos ante cada nuevo escenario.




















Al día siguiente hicimos la excursión por el río Peguiças hasta Caburé, donde se forma el delta y puedes ver a un lado el mar y al otro el río, y alrededor arena blanca y alguna que otra choza. De camino visitamos los Pequeños Lençois, que son de arena más roja y por tanto cambian el color del agua de las lagunas, también precioso.









Después de la excursión volvimos a nuestra humilde pousada, donde nos recogió un transfer para volver a São Luis, esta vez un viaje más tranquilo en bus. Ya en la ciudad conocimos a nuestro anfitrión de couchsurfing, Marco, que nos esperaba con una pizza en el horno. ¡Qué gran recibimiento después de un día tan largo! Con él hemos estado solo dos noches, pero suficientes para darnos cuenta de que es un encanto. La segunda noche cocinamos algo entre fajitas y kebab, que le encantó.


Durante estos dos días en São Luis hemos visitado el centro histórico, famoso por sus edificios coloniales de colores y azulejos portugueses, aunque de nuevo una pena el estado de conservación. Aún así, es parte del encanto que tiene, es quizá lo que lo hace especial.





Han terminado nuestros días en el nordeste del país. Nos llevamos un recuerdo de ensueño de Lençois y la sensación de haber estado en el paraíso. Sin duda Brasil no deja de sorprendernos. Ahora comienza la última etapa en este país de contrastes, de nuevo en el sur, esta vez en el Pantanal. Selva, ríos y mucha vida salvaje nos espera antes de cruzar por tierra la frontera hacia tierras bolivianas.

jueves, 22 de mayo de 2014

Nordeste de Brasil: Alagoas, Pernambuco y Río Grande del Norte. Buen lugar para celebrar un cumpleaños

Después de 9 horas de espera en Palmeiras, 7 horas de bus maloliente a Salvador (donde llegamos a las 5.40 am), 6 horas más en el rodoviario esperando el bus para Recife, 3 horas de retraso y 17 de bus por carreteras casi de barrio, por fin llegamos a nuestro próximo destino, Recife, en la costa nordeste de Brasil. Del rodoviario cogimos un metro en hora punta, que llegó a ser peor que en Santiago, con unos empujones y niveles de asfixia que no imaginaríais. Y después un bus hasta Boa Viagem, el barrio más nuevo, donde están todos los hostels. Quisimos llorar de alegría cuando al llegar al hostel a las 8 am nos dejaron tomar el desayuno que tenía absolutamente de todo: leche, café, cereales, galletas, pan, mantequilla, mermelada, huevos, tarta de chocolate, tarta de banana, sandía, melón, plátanos, naranjas, frutas tropicales, zumos naturales...

El miércoles nos lo tomamos con calma después de tan largo viaje. Fuimos un rato a la playa de Boa Viagem y nos bañamos en la orilla por la advertencia de peligro de tiburones. Luego empezó a llover. Parecía que teníamos que quedarnos en el hostel descansando y planeando nuestros pocos días en esta costa que ofrece tanto.

Playa de Boa Viagem, Recife

Peligros de la playa :D
El jueves fuimos a Porto de Galinhas, no sin complicaciones con los buses, claro. Llegamos a las 12 y se puso a diluviar, pero afortunadamente paró al rato. Pudimos coger un barquito que te lleva a las piscinas naturales que se forman en el mar cuando la marea está baja y donde puedes contemplar montones de peces que ves tan cerca que parece que te vayan a comer. Fue toda una experiencia. Luego nos quedamos disfrutando de la playa de postal, con sus palmeras verdes y su arena blanca.

En la piscina natural con miles de peces en Porto de Galinhas


Porto de Galinhas, Pernambuco

El viernes visitamos otra playa que nos habían recomendado los brasileños que conocimos en Río: playa de Carneiros. El acceso y el transporte es muy complicado, y vista la experiencia de Salvador, decidimos coger un tour, ya que ganábamos tiempo y el precio era el mismo que si íbamos por nuestra cuenta.

Al llegar nos llevaron en un catamarán a una zona donde se puede realizar snorkel con la marea baja. Después fuimos a los bancos de arena que se forman en frente de la playa, con unas vista muy lindas de las mismas. Por último, a otra zona de la playa donde te embadurnas entero con arcilla que supuestamente tiene efectos regenerativos para la piel y te rejuvenece 10 años. No nos lo acabamos de creer, pero por si acaso nos pringamos enteros.

Playa de Carneiros, Pernambuco

Snorkel en piscinas naturales de Carneiros
Estrella de mar
Erizo de mar

Bancos de arena en Carneiros



Baños de arcilla en Carneiros, ¡10 años menos!

Playa de Carneiros
El sábado hicimos nuestra última excursión a la playa de Maragogi, a unas 3 horas de Recife. La playa no tenía especial interés. Pero aquí se encuentra uno de los arrecifes de coral más grande del mundo. Después de 40 minutos de navegación mar adentro, vimos el arrecife y nos bajamos del catamarán, y podíamos hacer pie ya que el agua cubría por las rodillas. En seguida vimos que teníamos que alejarnos de la marabunta para observar los mejores corales y los peces de colores. Fue un poco agotador, porque nadamos mucho, pero mereció la pena y vimos cosas increíbles con nuestra máscara y nuestro tubo de decatlhon.

Barrera de coral de Maragogi, Pernambuco


El domingo, lo dedicamos a pasear por el centro de Recife, donde estaba todo desierto hasta que llegamos a la plaza Marco Zero, donde había una especie de evento de ciclistas que molestaban un poco, porque había miles.

De ahí fuimos a Olinda, una ciudad a 20 minutos al norte de Recife, cuyo centro histórico está en lo alto de una ladera, y tiene una vistas muy bonitas del mar. Está repleta de iglesias y casas pintorescas, entre ellas muchos talleres de arte.
Recife Antiguo

Vistas desde Olinda

Ateliers de Olinda





Para comer, probamos algunos platos típicos que nos quedaban pendientes, como el acarajé, una especie de bomba de harina empanada con gambas, salsa y ensalada dentro; la tapioca, que es una harina especial que cocinan tipo crepe, con varios ingredientes dentro; y bueno, el espetinho de queijo que a Sandra tanto le gusta.

Probando la tapioca

Acarajé

Espetinho de queijo

El lunes fuimos a praia da Pipa, a 4 horas al norte de Recife. Después de 8 horas de metro, autobús y furgoneta, llegamos a la playa. No nos lo podíamos creer, ¡Al fin en Pipa! Y es que como ya comentamos, en el vuelo a Salvador nos dimos cuenta de que teníamos que elegir y dejar otras playas, pero Pipa teníamos que visitarla sí o sí. El pueblo tiene una calle principal llena de bares y tiendas. Sin tiempo para dejar las cosas en el hostel bajamos a la playa a ver la puesta de sol. El martes fuimos a Praia do Amor, a 10 minutos caminando de Pipa. Es una playa para surferos súper bonita, flanqueada por palmeras y acantilados. Antes de comer cogimos una van y fuimos a Praia Madeiros. Las distancias no son largas, y tienes variedad de paisajes cerca, lo que hace la zona muy atractiva. Para desplazarse cogíamos una van que cobra 2 reales (60 céntimos), vayas donde vayas. Era la una de la tarde así que nos refugiamos con sombrilla, mesas y tumbonas. ¿El precio? Consumir un coco por 5 reales (1'7 €). La playa era más calmada con el agua tranquila, e incluso vimos delfines de lejos. Para el atardecer fuimos a Tibau do Sol, con una vista muy linda, y regada con una caipirinha. 

Praia do Amor

Praia Madeiros

Praia Madeiros

Puesta de sol con caiprinha

Tibau do Sul

El miércoles fuimos a Sibaúma, a 7 kms de Pipa. Nos bañamos y caminamos hasta vadear un río y llegar a una playa desértica, donde nos comimos nuestros bocadillos de...jamón y queso, ¡cómo no! Por la tarde estuvimos de relax en Praia do Amor, que nos gustó tanto el día anterior que repetimos.

Sibaúma



Una pirata en Praia do Amor

Por la noche salimos a cenar para celebrar el cumpleaños de David, que era al día siguiente, pero íbamos a estar viajando porque volvíamos a Recife, así que lo adelantamos unas horas. Elegimos un restaurante de comida local, y nos pedimos una muqueca para dos personas impresionante. Y luego David pudo soplar sus velas con una porción de tarta de chocolate en una heladería. Un cumpleaños diferente y muy especial. 


Celebrando mis 32 con muqueca

Incluso con tarta y velas!

Nuestro último día en Pipa nos regaló poder ver delfines a primera hora de la mañana en Praia dos Golfinhos,a tan solo unos metros de nosotros y, dadas las horas, solos en la playa. No podía haber un mejor final. De vuelta ya en Recife y solo por una noche, mañana volamos a Sao Luis, en el norte, para visitar el parque nacional de Lençois Maranhenses, un desierto lleno de lagos que promete. La intensidad de los días en Brasil con nuestra apretada agenda se siente cada vez más fuerte ahora que se acerca un poco más el final, pero su magia está dejando una huella imborrable.

Amanecer en Praia de Pipa

Bahia Golfinhos. Delfines a pocos metros